la inevitabilidad

yo

Cada día moría un poco en esos momentos en los que vivía percances evitables, tan evitables como tropezar con un trocito de alma que quedó enganchada entre la alfombra y la esperanza, como intentar recuperarse de la luz de la mañana en los días de niebla; como aprender nuevos idiomas cuando el corazón está mudo; como escuchar la reverberación exagerada del orgullo en el eco del silencio.
Y sin embargo cada noche renazco en la inevitabilidad de la sonrisa tras el recuerdo, del escalofrío tras tu mirada, de hablar el idioma que ambos aprendimos sin escuela que se me repite como loco a voz en grito hirviendo por mis venas, de la ausencia de mí misma tras rozarme, de la orgullosa satisfacción de no tener ya orgullo, inevitables como la vida, inevitablemente.

Ogni giorno morivo un pò in quei momenti in cui vivevo contrattempi evitabili, così evitabili come inciampare con un pezzetto danima rimasto impigliato tra il tapetto e la speranza, come provare a riprendersi della luce del mattino nelle giornate di nebbia, come imparare nuove lingue quando il cuore è muto, come ascoltare la riverberazione esagerata dellorgoglio nel eco del silenzio.
E nonostante ogni notte rinasco nell’inevitabilità del sorriso dopo il ricordo, del brivido dopo il tuo sguardo, di parlare la lingua che impariamo entrambi senza scuola e mi si ripete come pazza a squarciagola bollendo fra le mie vene, dell’assenza di me stessa dopo sfiorarmi, dell’orgogliosa soddisfazione di non avere più orgoglio, inevitabili come la vita, inevitabilmente.

(Textos e imagen. María J. De la Cruz Guerra)

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en el hotel de la existencia que el miedo permita

 

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Aquel día nos encontramos, no por casualidad, por necesidad, en la calle de la dulce y apacible existencia, en dirección hacia deseos sin sobresaltos, en la acera conformista de una vida a pensión completa.

Trabajo decente, ropa decente, vida decente y quizá, tras unos pequeños escarceos contra el miedo con la valentía del vino, a escondidas, un polvo el fin de semana.

Y sin embargo, el deseo.

Tres cuartas partes miedo y el resto terror, nos mordemos los labios constantemente para no dejar escapar nuestros deseos que entorpezcan las palabras, dejándonos abiertas las heridas, observando como se desangran en una silenciosa y morbosa hemorragia.

“Hola”, me dices, en realidad estás pensando en “te deseo aquí y ahora”.

“Hola”, yo también.

“¿Todo bien?”, no, no lo está, y deseo que lo esté.

“Sí, sí. ¿Y tú?” sangrando.

Un par de minutos de palabras, palabras que no tienen sentido, miradas nerviosas, manos que tiemblan, gestos niños, deseos bajo la ropa, palabras, palabras, palabras…

“Nos veremos” me devora tu deseo.

“Sí, seguro” como a mí me destruye el tuyo.

Los latidos se confunden, se tropiezan, se escrutan sin saber qué hacer, me colocas un mechón tras la oreja por no saber como rozarme, nos despedimos, dos besos en la mejilla “Hasta pronto” me respiras, nos ahogamos en nuestro aliento, sabemos que la herida aún está abierta y no dejará de sangrar. El miedo como el silencio, no corta, alarga la agonía. Guárdalo bien en el bolsillo, te recomiendo, nada es por casualidad.

Alojados en el hotel de la existencia que el miedo permita, con desayuno, comida y cena incluidos, sábanas limpias y a escondidas, si somos afortunados y bien borrachos, nos reconoceremos vivos en ese polvo del fin de semana, repetiremos estancia, en la misma habitación, en la misma vida, con el deseo de despertar un día en otra cama, revueltos en las sábanas sucias de nuestras pieles, de nuestras vidas.

(Quel giorno ci siamo trovati, non per caso, per bisogno nella strada della dolce e quiete esistenza, in direzione verso voglie senza sussulti, nel marciapiede conformista di una vita a pensione completa.

Lavoro decente, abiti decenti, vita decente e forse, tra qualche piccola digressione contro la paura con il coraggio del vino, e di nascosto, una scopata nel fine settimana.

E nonostante, il desiderio.

Tre parti paura e il resto terrore, ci mordiamo le labbra costantemente per non lasciare scappare nostri desideri a intorpidire le parole lasciandoci aperte le ferite, osservando come se dissanguano in una silente e morbosa emorragia.

“Ciao” mi dici, anche se in realtá vuoi dire “ti voglio qui ed ora”.

“Ciao” anche io.

“Tutto a posto?”, no, non ci sta e vorrei ci fosse.

“Sì, sì. E tu?” sanguinando.

Parole, parole, parole…sguardi nervosi, mani che tremano, gesti bambini, voglie sotto i vestiti, parole, parole. Afano, smorfie, tremori, voglie.

“Ci vedremmo” mi divora la tua voglia.

“Sì, certo” come a me distrugge la tua.

I battiti si confondono, s’inciampano, si scrutano senza sapere ché fare, ci salutiamo, due baci nella guancia, mi metti a posto i capelli tra l’orecchio “A presto”, mi respiri, ci affoghiamo nel nostro alito, sappiamo che la ferita è ancora aperta e non smetterà di sanguinare. La paura come il silenzio, non taglia, allunga l’agonia. Tienitilo stretto nella tasca, mi raccomando, niente è per caso.

Ospiti nell’albergo dell’esistenza che la paura permetta, con colazione, pranzo e cena inclusi, lenzuole pulite e di nascosto, se siamo fortunati e belli ubriacchi, ci riconosceremmo vivi in questa scopata del fine settimana, ripeteremmo soggiorno, nella stessa camera, nella stessa vita, con la voglia di svegliarsi una mattina in un altro letto aggrovigliati nelle lenzuole sporche delle nostre pelli, delle nostre vite).

(Imagen, texto y traducción. María J. De la Cruz Guerra)


pasajeros distraídos.

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Es muy tarde o quizá temprano, el tiempo gasta estas bromas siempre conmigo. Bajo despacio las escaleras, no quiero despertarte, no quiero despertarme. Compuesta como puedo, creo que tengo aún tiempo, …tiempo…, para un cigarrillo. Necesito fumar, como si quisiera limpiar mi dentro con el humo, como los santeros al poseso pero dentro y sacar el monstruo que hay en mí, antes que llegue el taxi.

“Sí, sí, soy yo. Ya estoy esperándole, de acuerdo, dentro de cinco minutos es perfecto”. Joder, el tiempo es de verdad bromista, por no decir cabrón. Dice cinco minutos…podía haber dicho dentro de cinco vidas, y probablemente seguiría esperando aquí sentada en los escalones de granito de este portal viejo y destartalado,  como una antesala de mi corazón y probablemente no podría estar mejor en ninguna otra parte en un momento como este, dando bocanadas para reblandecer este tiempo, este no tiempo, que me invade y se enquista dentro.

Empiezo a sentir el frío y se me cuela dentro con la humedad de esa lágrima que cae de la noche y se me pega con el moho de tus fantasmas. Me fumo a sorbos el pitillo, necesitaría algo caliente aún a sabiendas de perder este último sabor tuyo en mi boca.

Oh, Dios, es terrible esta espera, quiero salir de aquí y no quiero, la ciudad que me vigila se convierte de nuevo en tu esposa y quiero esconderme, de ella, de ti, es una presencia tan hostil como el tiempo, como el recuerdo. Me voy a encender otro. Ya llega, me da tiempo a un par de caladas…

Buenas noches ¿o mañanas ya? ese tiempo, que de nuevo se ríe en mi cara mientras atravieso como el filo de una cuchilla el confín entre la noche y el día, como atravieso la calle de puntillas para no despertar ese límite sutil entre los deseos y la realidad, le compro un billete para un viaje, como pasajeros distraídos en un taxi de madrugada mientras miramos tu portal con la frente apoyada sobre la ventanilla. Todo son reflejos, los semáforos parpadean, la bombilla de tu casa aún encendida, el taxímetro, todos son silencios que alargan el silencio.

¿Dónde vamos señorita?

No sé, conduzca por favor, no hay nadie…conduzca.

¿De verdad no quiere que le lleve a ninguna parte?…A ninguna parte, sonrío irónica,…es demasiado pronto para ir a ninguna parte y demasiado tarde para quedarse en ningún alma.

(Texto e imagen. María J. de la Cruz Guerra)


Nunca no puede ser ahora.

 

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“Sal tú primero, yo espero aquí en el descansillo, haré un poco de tiempo antes de irme, antes que nadie se dé cuenta”.

Una leve caricia en la mejilla, la mirada brillante y un pequeño mordisco en la nariz. La sonrisa como despedida y nuestros dedos rozándose no queriendo despegarse en esta inmensa pequeñez que tienen las cosas inmensamente pequeñas, estos mínimos territorios inabarcables, estas regiones tan eternas como insignificantes, pero no había mapamundi capaz de abarcar este infinito de momentos fugaces de vida que nos inundaba el alma de lluvias de deseos, vividos a escondidas al abrigo de los portones.


“Nunca podré salir de ti, aunque nunca nos volvamos a ver”, dijiste. Los meñiques aún unidos, el aliento haciendo cola en la sala de autopsias de nuestras palabras no dichas, el corazón se puso las gafas oscuras para no hacerte ver esa última lágrima que dejó la sal en una mueca en mi boca. El último beso, el alma.

“Nunca no puede ser ahora, es demasiado pronto” no dije.

(“Esci tu prima, io aspetto qui nel pianorottolo e farò un pò di tempo prima di andare via, prima che nessuno se ne accorga”.

Una leggera carezza nella guancia, lo sguardo vivido e un morsetto al naso. Il sorriso come addio e le nostre dita sfiorandosi non volendo staccarsi in questa immensa picolezza che hanno le cose immensamente piccole, questi minimi smisurati territori, le nostre regioni così eterne come insignificanti, dove non c’era mappamondo capace di comprendere questo universo di momenti fugaci di vita che ci allagava l’anima tra pioggie di desideri, vissuti di nascosto al riparo dietro i portoni.

“Non potrò mai uscire di te, anche se non ci vedremo più”, mi dicesti. I mignoli ancora uniti, il respiro a fare la coda nella salla di autopsie dove riposano tutte queste nostre parole non dette, il cuore si mise gli occhiali oscuri per non farti vedere questa ultima lacrima che lasciò il sale in una smorfia nella mia bocca. L’ultimo bacio, l’anima.

“Mai non può essere adesso, non dovrebbe essere adesso, è troppo presto” non dissi).

(Texto, traducción e imagen. María J. De la Cruz Guerra)


arquitecturas efímeras.

 

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Entre las ciudades del sueño edifico un universo solo nuestro, frágil y pequeño, como si elevara hacia al azul arquitecturas efímeras solo con mis manos, que tejo y dispongo entre las cuerdas de tender, una tela de araña que me atrapa justo ahí donde quiero ser atrapada. 

Yme miento durante la noche y me descubro con la luz construyendo un cielo a ras de suelo en el techo de mi pequeña habitación donde tender bajo la lluvia, en hilos invisibles, las sábanas del deseo y la locura en que mojábamos nuestros cuerpos y nuestras almas, donde agotábamos nuestras soledades…y siempre me equivoco y sin embargo no me arrepiento, pero quizá, incluso cuando sueño debería dejar de cometer las equivocaciones que me cometo a mi misma, cuando en realidad hubiera deseado tanto cometerlas contigo.

(Fra le città del sogno edifico un universo tutto nostro fragile e piccolo, come se innalzassi al blu architetture effimere solo con le mie mani, che tesso e dispongo fra le corde del bucato, una ragnatela che mi acchiappa proprio lì dove voglio essere acchiappata.

E mi mento nella notte e mi scopro con la luce a costruire un cielo raso nel soffitto della mia piccola camera, dove stendere sotto la pioggia, in fili invisibili, le lenzuole del desiderio e la pazzia in cui bagnavamo i nostri corpi e nostre anime, dove esaurivamo le nostre solitudini…e sempre mi sbaglio e non mi pento però, ma forse, anche cuando sogno, dovrei smettere di commettere gli sbagli che commetto a me stessa, quando in realtà, avrei voluto tanto commetterli con te).

(Imagen, texto y traducción. María J. De la Cruz Guerra)


érase una vez

 

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Aún no ha amanecido ¿sabes? y siento vértigo al pensar que solo con desearlo puedo romper el desequilibrio del mundo, tu quietud, tu apacible sosiego si te pienso. Con el ansia en la garganta de diez latidos de mi corazón por lo menos treinta te pertenecen. Mi respiro sobre la ventana lleva el olor de nuestra piel y mi boca lleva el gusto de tu memoria, lanzo bocanadas de tu aliento sobre el vidrio para dibujar corazones a tientas, el polvo húmedo se pega a mis dedos y con ellos escribiré una historia sobre tu piel.

Érase una vez…unas vidas recién estrenadas en corazones de segunda mano.

Aún no ha amanecido ¿sabes?

(Non ha ancora albeggiato sai? e sento una vertigine al pensiero che al solo desiderarlo posso rompere lo squilibrio del mondo, la tua quiete, la tua mansueta pace se ti penso. Con l’ansia nella gola ogni dieci battiti del mio cuore almeno trenta ti appartengono. Il mio fiato su la finestra porta l’odore della nostra pelle e la mia bocca porta ancora il gusto della tua memoria, lancio boccate del tuo respiro sul vetro per disegnare cuori a tentoni, la polvere umida si attacca alle mie dita e con loro scriverò una storia sulla tua pelle.

C’erano una volta….. delle vite appena sfoggiate dentro cuori di seconda mano.

Non si è fatto ancora giorno sai?)

(Texto, traducción e imagen. María J. De la Cruz Guerra)


dejar de conjugar el condicional

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Debería escribir las cosas como vienen, como viene el sentimiento, sin arrepentimiento, no dejando que se filtre a través del cerebro, sólo como la sangre goteando entre las vísceras, pero la hemorragia hace daño ¿verdad?
Repentinas, asomada a la ventana de la noche, con el último cigarrillo del hoy entre los labios, las palabras se alinean recordando todas las situaciones hermosas que no vivimos, comiéndose a bocanadas esas horas increíbles que el miedo esconde, este miedo que pudre el deseo como el agua estancada, lo mantiene vivo y lo resbala dentro de mis venas y nutre mis entrañas en cada uno de sus latidos.
Debería dejar de fumar, pero el humo, como una espesa niebla, me nubla y me protege, me asegura en los saltos mortales de las horas como la red de seguridad bajo el trapecio, balanceándome arriba y abajo, arriba y abajo…, como las excusas a la falsa seguridad de los cobardes.
Debería escribir las cosas como vienen, debería vivir las emociones como vienen, debería vivir la vida sin hipotecas al miedo, debería de noche mecerme entre los cariños equivocados y los verdaderos deseos, debería quizá dejar de conjugar los verbos en condicional y quizás… Imperativo.

 

(Dovrei scrivere le cose così come vengono, come viene il sentimento, senza pentimento, senza lasciarlo filtrare attraverso il cervello, soltanto come il sangue sgocciolando fra le viscere, ma l’emorragia fa male, vero?
Improvvise, affacciata alla finestra della notte, con l’ultima sigaretta del oggi fra le labbra, le parole si schierano ricordando tutte le situazioni belle mai visute, mangiandosi a boccate tutte quelle incredibili ore che la paura nasconde, questa paura che putefra il desiderio come l’acqua stagnante, la mantiene viva e scivola dentro le mie vene e nutre le mie viscere in ogni battito.
Dovrei smetterla con questo fumo ma il fumo, come una densa nebbia, mi appanna e mi protegge, mi rassicura nei salti mortali delle ore come la rete di sicurezza sotto il trapezio, dondolandomi su e giù, su e giù…, come le scuse alla finta sicurezza dei codardi.
Dovrei scrivere le cose così come vengono, dovrei vivere le emozioni così come vengono, dovrei vivere la vita senza prestiti alla paura, dovrei la notte cullarmi fra gli sbagliati affetti e i veri desideri, e forse dovrei smetterla di coniugare i verbi in condizionale e forse… Imperativo.)

 

(Imagen, texto y traducción. María J. De la Cruz)


Pretérito indefinido/Futuro anteriore

 

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Seré la memoria de los lugares que nos esperan,

esos adonde no iremos nunca,

esos prometidos en el tiempo

en que mirábamos tras las ventanas de casas vacías

esperando la lluvia,

en el tiempo en que llenábamos las habitaciones

abriendo las puertas

cerradas al deseo de cumplir el deseo.

Seré la memoria de los días no vividos

en el cuerpo donde tu pensamiento me inunda,

sudándonos la piel y el cansancio.

Seré la memoria de los kilómetros que

atraviesan mi aliento y la velocidad

frágil de tu mirada

y harás que me olvide de todos los lugares donde no estuvimos

para revivir los momentos nunca habitados

y (man)tenernos dulcemente en el filo,

entre el recuerdo de la duda

y la certeza de las ganas,

porque solo tú serás la memoria que de mí tenga.

(Sarò la memoria dei posti che ci aspettano,

quelli dove non saremo mai andati,

quelli promessi nel tempo

in cui guardavamo dietro le finestre di case vuote

aspettando la pioggia,

nel tempo in cui riempievamo le camere

aprendo le porte

chiuse al desiderio di compiere il desiderio.

Sarò la memoria dei giorni mai vissuti

nel corpo dove il tuo pensiero m’inonda,

sudandoci la pelle e la fatica.

Sarò la memoria dei kilometri che

attraversano il mio respiro e la velocità

fragile del tuo sguardo

e mi farai scordare di tutti i posti dove non siamo stati

per rivivere i momenti mai abitati

e (man)tenerci dolcemente in bilico,

tra il ricordo del dubbio

e la certezza della voglia,

perché solo tu sarai la memoria che da me avrò).

(Pretérito indefinido/Futuro anterior)

(Imagen, texto y traducción. María J. De la Cruz)


Sé que existe

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A veces descubro lo que no se ve
a simple vista. Sé que existe.
A veces no voy a ninguna parte
Pero tampoco me quedo.
me pondré a trabajar duro mis días,
vine a quedarme.
No me sirven las visitas.

(A volte scopro quello che non si vede
a occhio nudo. Lo so che esiste.
A volte non vado da nessuna parte
ma neanche ci rimango.
Mi metterò a lavorare sodo i miei giorni,
sono venuta qui per restare.
Non mi servono le visite).

(Texto, traducción e imagen. María J. De la Cruz)

 


sacar a pasear al monstruo que vive en mí

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Hoy quiero dedicarme a robar los regalos que nunca me hice.
Patear las obviedades que ya no existen pero que aún están.
Sacar las astillas del molde de un corazón sin cuerpo.
Vomitar la náusea de los gestos que me queman
y zambullirme en la tinta de las palabras que no se escribieron
sobre las miradas mudas que no se recitaron
…y sacar de paseo el monstruo que vive en mí
sin correa a través de las calles repletas.
Dejarlo suelto para poder pisarlo y decir…¿ves? Ya no está.
(Oggi voglio dedicarmi a rubare i regali che non mi sono mai fatta.
Scalciare le ovvietà che ormai non esistono ma rimangono.
Tirare fuori le schegge dallo stampo di un cuore senza corpo.
Vomitare la nausea dei gesti che bruciano
e tuffarmi nell’inchiostro delle parole mai scritte
degli sguardi muti mai declamati…
…e portare a spasso il mostro che abita in me
senza guinzaglio attraverso le strade affollate. 
Lasciarlo slegato per poterlo calpestare e dire…vedi? Non c’è più).
(texto, traducción e imagen. María J. De la Cruz) 
 

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